– Amaneciendo en Navidad (por Fernando Rodríguez).-

“Para que no quepa duda alguna, NO. No he visto ni escuchado el discursito de moda cada 24 de diciembre”

Para que no quepa duda alguna, NO. No he visto ni escuchado el discursito de moda cada 24 de diciembre. La noche de Pascua es noche de alegría por la venida de Nuestro Señor -del verdadero- y perder el tiempo escuchando tonterías que soportan la gran mentira de una Patria sin Justicia Social ni Soberanía me parece una falta de respeto absoluta hacia aquellos que SI merecen mi atención y que, en este caso, son mi esposa y mi hijo.

Una cena frugal con el único extra de una botella de sidra del Mercadona. Ese fue nuestro menú de Nochebuena y, sinceramente, tampoco necesitábamos más pues somos de comer lo justo, lo necesario para mantener el cuerpo al día; el sustento que mantiene el equilibrio necesario para que los niveles de elementos del cuerpo estén donde deben estar. Lo que para algunos sería “un pequeño exceso”, para mi podría resultar una catástrofe pues hay que cuidarse que uno ya no es un crío…

Tras la cena familiar el cafetito de rigor, un cigarro y, si Dios y la circunstancias lo permiten, a dormir.

Aunque Dios lo permitió, las circunstancias parece que estaban rebeldes: el peque de la casa, a sabiendas de que el jodido barrigón del gorro blanco entraría esta noche en casa y había posibilidad de que le dejara algún regalo, no parecía tener intención alguna de dormir, le podían los nervios y eran ya la 1:30 cuando al fin se tranquilizó y el sueño le rindió. ¿Pensáis que iba a estar durmiendo hasta as ocho o las nueve de la mañana? ¡Ja!

Yo, que duermo poco, y harto ya de dar vueltas en la cama durante una hora, a las cinco en punto me levanté y, tras preparar una cafetera, me senté en mi estudio a ver de hacer algo productivo pero, he aquí que a las 5:45 se abre la puerta y yo, perplejo pues sabía que el de los regalos había pasado ya hacía unas horas, me vuelvo y observo a mi hijo de pie, despierto y mirándome con pícara sonrisa. No ha dormido tampoco ni cuatro horas pensando en lo que Papa Noel le traería.

No nos hemos hecho un selfie pues yo no soy de esas cosas pero, palabra de honor, aquí me encontré, en pijama junto a mi vástago, a las seis de la mañana del Día de Navidad, abriendo cajas de juguetes, no sea que de aquí a otras horas más prudentes y avanzadas de esta mañana que amanece se hayan caducado y ya no sirvan. Todos hemos sido niños. Todos tenemos motivos para estar impacientes.

FELIZ NAVIDAD.

Fernando Rodríguez.-